El trabajo de grupo, como laboratorio de vida

Una experiencia grupal con personas con trastorno alimentario

El grupo es como la onda provocada por la piedra en el agua, 
cada desvelamiento en el centro ilumina la periferia.
Francisco Peñarrubia.

Hace un buen día fuera, la sala está lista ya, huele a flores, Patricia viene de camino, también Silvia y Verónica, Joana llega tarde hoy y Lina ya está aquí. 

Todas ellas tienen en común que están acudiendo a un grupo de terapia gestalt.

Tienen, además, en común un trastorno alimentario que les ha servido para no tener que afrontar algunas cosas o bien para sufrir menos o bien para sentirse más coherentes o bien para  acercarse al placer negado o para castigarse o premiarse. El síntoma es el mismo, el Para qué les ha servido, no. 

Tienen en común que ante la vida o bien se asustan o se paralizan o se enfadan, corren hacia adelante o hacia atrás, se deprimen o se inquietan, dan mucho o piden mucho. El cómo viven o como sobreviven también es particular en cada una.

Tienen en común que hagan lo que hagan, no les gusta lo que hacen, querrían hacer justo lo contrario y se culpan por ello. Y esto es así para todas.

Y también que cuando se dejan sentir lo que sienten;  dolor, rabia, tristeza o miedo, sienten igual. Y que mientras sienten, reparan, pues se escuchan a sí mismas.

Tienen en común que todas tienen una herida lo suficientemente abierta como para procurarles una vida dedicada a dolerse de ella y también a sanarla, porque todas han decidido hacerlo. 

Herida? Si, ese o esos asuntos del pasado que dolieron y siguen manifestándose hoy porque no han sido atendidos, vistos, abiertos, resueltos.

Y tienen mucho en común en lo que son, en esencia. Y al descubrirlo, se comprenden y se respetan mutuamente, desarrollan la empatía hacia las demás y hacia ellas mismas.

La terapia de grupo gestalt es un laboratorio. Se comparte y se expresa, se baja a la emoción y se usa al grupo para hacer, decir o ser eso que no puedo hacer, decir o ser en el mundo. Es la oportunidad para mirarse a si mismo en una infinidad de espejos. (J. Zinker). Se saca el cabreo, la tristeza y la alegría. Se saca lo que pesa dentro de una.

Invocando al alma; es decir, a la conciencia o a la sabia interior de cada una, que les descubre lo que son en toda su amplitud.

Y como en cualquier laboratorio, se prueba, para comprobar que funciona, que la “fórmula” se puede sacar al mundo. 

La “fórmula”? Viene a ser; acercarse a lo genuino de cada una, mostrarse tal cual, aceptar lo bonito y lo feo. Ya que aceptar lo feo hace nacer lo luminoso.

Expongo diversas escenas terapéuticas, reales con los nombres que he inventado, para acercar a la comprensión de eso que la terapia gestalt aporta de diferente; lo experiencial en el aquí y ahora:

*La T, indica que habla la terapeuta

.

Lina: _ No me gusta la superficialidad, la belleza está en el interior!

T: _ A quien intentas convencer de ello?

L: _ a mí misma, a una parte de mi que es superficial (me da vergüenza decirlo)

T: _ Hola Lina superficial, puedes estar aquí y ahora con nosotras?

L: _ Si

T: _ Puedes decirnos lo superficial que eres?

L: _ Uf…si… (Vergüenza, sonrisa, calor) Soy superficial, me gusta cuidarme y verme guapa, me importa mi imagen, me gusta la moda, me arreglo y me gusta hacerlo.

T: _ qué tal?

L: _ pues parece que ahora que lo he dicho, no es tan horrible. Me siento más liberada. Se ha pasado la vergüenza, mi cuerpo está más relajado.

T : _ como lo recibís las demás?

Grupo: _ A mí no me parece tan horrible. A mí me alivia. Me siento identificada. Gracias.

La superficialidad está infravalorada. Tod@s tenemos una parte superficial. Aceptarla es ponerla a tu servicio, cuidarte puede ser algo muy positivo para ti. El cuerpo es un elemento clave en la resolución de un trastorno alimentario. En terapia gestalt se procura integrar las partes rechazadas de una misma, y en esa integración y aceptación es que lo patológico pierde fuerza.

Lo patológico? Si, esos pensamientos y conductas descontroladas, obsesivas y adictivas, son la forma de dar salida a lo no aceptado.


Patricia: _ Tengo mucho trabajo. Estoy muy estresada. Tengo que organizarme mejor.

T: _ Ok, organizarte mejor es una posibilidad.

P: _ … No, no lo es, tengo demasiado trabajo. (Expresa angustia, su voz se entrecorta)

T: _ Ok. Entonces puedes decirnos que no puedes con tanto trabajo. Puedes probar a decirnos que necesitas ayuda.

P: _ No puedo decir eso. Eso es ser floja, no puedo mostrarme floja… me organizaré mejor. 

T: _ Ok. Que os sugiere a las demás?

Grupo: _  me llega tu vulnerabilidad y tu angustia, ahora no admitiendo que necesitas ayuda. 

Patricia finalmente se puso ante cada una pidiéndoles ayuda, sintió su poder al hacerlo y dos semanas más tarde tenía una ayudante en su trabajo. Las ingestas compulsivas de los últimos meses se redujeron, pues ella pudo hacerse cargo de ella misma de una forma más constructiva.


Silvia: _ La gente no ve a nadie!, les importa un pito lo que les pase a los demás, van a lo suyo!, el mundo está fatal!, la gente es egoísta!….

T: _ Ves a donde miras, mientras dices esto?

S: _ Ah!.. si… Al techo…je, je…

T: _ Ah, puedes mirar un momento a “la gente” que está aquí contigo en esta sala?

S: _ Si (mira)

T: _ Te miran?

S:_ Si

T: (Al grupo)_ Os sentís vistas, miradas por Silvia?

Grupo: _ No, no me ha mirado, a mí tampoco….

S:_ Yo soy quien no ve a la gente…si…

El trabajo posterior consistió en mirar a cada una, dejarse sentir el contacto real con cada persona y ver que “la gente” no existe como tal, sólo en la paranoia de creerse diferente.

En el contacto real ella se hace presente, existe y hace existir al otro. La restricción alimentaria en este caso, se configura como una expresión extrema de su no existencia, mecanismo de evitación que le sirvió en algún momento, pero que ahora ya no le hace falta aunque aún no lo sepa. Puede existir para los demás sin ser despreciada y comprobarlo es la mejor forma de sanar esa herida.

La no existencia? Es como un mantra interno, no consciente, que repite algo así como “nadie me ve”, “no existo”, ”soy molesta”…, es un asunto inconcluso que proviene de una vivencia temprana de no haber sido vista o haber sido molesta y que se va repitiendo pues la herida no ha sido atendida y sanada.


Estos son ejemplos del trabajo grupal gestáltico que se van fraguando con el paso de las sesiones, quitando capas a la cebolla. No son escenas resolutivas por si solas sino maneras de acercarse al reconocimiento de las formas evitativas de estar con una misma y con los demás.

El funcionamiento de la terapia gestalt en grupo tiene varios elementos clave que la hacen diferente a otras terapias: 1. El experimentar en vez de hablar a cerca de. 2. El presente como lugar de experimentación, porque no se puede experimentar fuera de él. 3. La integración de lo corporal,  lo emocional y lo mental, para un darse cuenta más profundo. 4. La integración de los diferentes aspectos de la personalidad en vez de la intención de modificar las conductas. 5. El trabajo a través de lo relacional, es decir de la propia manera de relacionarse con l@s compañer@s del grupo que pone de manifiesto la forma de estar en el mundo. 6. la consideración de que tod@s somos dignas de ser atendidas con amor y respeto.

Los grupos de terapia gestalt para personas que tienen en común un trastorno alimentario son de dos horas semanales y se acompañan de terapia individual para facilitar la elaboración y profundización. Son especialmente recomendables para personas que salen de procesos terapéuticos cognitivo-conductuales, donde el tratamiento se centra principalmente en el abordaje del síntoma y sus efectos orgánicos, en estos casos este proceso sirve para profundizar en las causas y afianzar la recuperación, evitar recaídas y facilitar la autonomía personal.